CAFÉ FILOSÓFICO FLOR DE RETAMA - UNSCH - FACULTAD DE CIECIAS DE LA EDUCACIÓN - AYACUCHO

22 sept. 2016

HABLA JEFE

Un saludo a cualquier sujeto que es tú; jefe, por desventura de la vida o simplemente; porque, eres parte del trabajo donde funge de jefe. Un puesto: honorifico, ganado, regalado, adquirido, otorgado, arrebatado, autoaclamado o sencillamente es jefe. Entonces; habla jefe. Así se denomina en mi antiguo puesto laboral, aquel sujeto que siempre se aclamaba como jefe y le fascinaba el nombre “jefe” más que el trabajo que podía ejercer; porque, el cargo le quedaba muy alto.
Las abuelitas de antaño, también ahora en los pueblos andinos a quiénes se sentían jefes autoaclamados, asignaban un nombre especial en quechua, le acariciaban con el status de: “akatanqa”, “akasapa”, “akamiku”, “akaruntu”, akalani”, “akatapa”, “akakichki” y más “akas”. La nominación perfecta para mi jefe “akatanqa”; quién, se siente, obnubilado con el status de jefe que le otorgaron sus súbditos “akamikus”; que lo adulan como dotado de una inteligencia prodigiosa de “akauma”. Él, se siente que es un jefe de los “akamikus”; porque no tienen más remedio que pertenecer al clan “akas”. Si salen sus súbditos del clan, pierden el rédito de  papanatas que son dentro de la caverna platónica.
La filosofía liberadora: del alma, la conciencia, el espíritu, la idea, la razón y la completa neblina mental en el que están sumidos los “akamikus” podría liberarlos. Para no sentirse responsable de su lastimera situación académica e intelectual, se le otorgaron salvavidas de hilo demasiado fino. Sin embargo, no muerden el anzuelo; porque, están demasiado segados. Pudieron haber sido personajes de J. Saramago en su Ensayo sobre la ceguera. Se les arrojó la sabiduría, La república de Platón, específicamente el libro IV, para no abrumarlos por lo precarios que son intelectualmente. Para ver si masticaban las virtudes y estamentos (427d – 432e) de: la prudencia, el valor, la templanza y la justicia. Nuestro esfuerzo fue en vano, perdimos el tiempo; porque no lo alcanzaron a entender. Su inteligencia estaba llena de herrumbre salpicado con “akas”.

Para no tener sentimientos de culpa freudiano o que Aristóteles nos acuse de faltos de nicomaquia o que Platón nos sentencie por no asumir bien las virtudes ante los “akamikus” les recomendamos recurrir a cualquier especialista en filosofía que este cerca contemplándoles como a seres extraños del submundo animal. Debieran dejar de adular a su jefe “akatanqa” y revisar La república de Platón libro IV, las partes del alma: racional, irascible y concupiscible.  Puesto que, ahí podría estar la razón de la torpeza mental que arrastran. Así dejarían de tener como única aspiración en la vida ¡habla jefe! 

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